El Integrista Mejicano
El Integrista Mejicano. Un sitio de libertad dentro de la catolicidad. Alejado de los "ismos" sectarios que tanto daño hacen para conseguir la santidad.
lunes, 2 de marzo de 2026
La nueva iglesia judeo-masónica-maritaniana-teilhardiana de Montini de la que los lefevbrianos, cassiciacum y algunos improvisado devenidos en sedevacantistas de ocasión forman parte
viernes, 20 de febrero de 2026
Jacques Maritáin, padre intelectual del Concilio Vaticano II
Al morir Jacques Maritain en 1973, apareció un artículo en Trento en el que Sáenz Arriaga hace un análisis general de la obra del filósofo personalista francés:
"Sus tesis (…) han llevado al nefasto colaboracionismo el cristianismo y el marxismo; que es el progresismo religioso (…) Para Maritain Dios y el hombre son entidades separadas, casi diríamos independientes. Al analizar los fines y las relaciones del hombre, como individuo, como persona, en su desenvolvimiento terrenal, Maritain erró, y erró gravemente y arrastró consigo a sus incondicionales admiradores, al establecer un mundo civil independiente, una humanidad autónoma. (…) para Maritain el bien común es sólo temporal y político, y no espiritual y religioso, ya que el filósofo francés había circunscrito el bienestar humano al bienestar temporal y político, a los bienes de este mundo, sin tener para nada en cuenta la eternidad. En realidad no hay bien verdadero, ni individual, ni colectivo, en este mundo que no tenga una relación trascendente a la vida de ultratumba.
Maritain no acepta de ningún modo que Dios sea el bien común. por lo menos en esta vida, para el hombre. El bien común es sólo temporal y político y no espiritual y religioso. Por lo tanto la Iglesia visible y el poder eclesiástico están supeditados a un poder público para llevarnos a un bien religioso exclusivamente personal. Dios no es el bien común, en este mundo para la humanidad.
Las consecuencias lógicas de estos fundamentales errores maritaineanos son bien claras: primera, la religión viene a convertirse en un asunto exclusivamente personal y privado. Segunda, el Estado es del todo independiente de la Iglesia, pero no la Iglesia respecto del Estado. Tercera, si Dios no es bien común espiritual, lógicamente se sigue que no hay bien común espiritual para el hombre ni en este mundo, ni en la eternidad. Cuarta, la Iglesia pierde su fe monolítica, sujeta a las vicisitudes y contingencias de la vida terrena. Aquí está la base y la raíz del “aggiornamento” y del “ecumenismo” y de todos los errores progresistas. Quinta, la Iglesia pierde sus derechos de sociedad perfecta, para ser reducida a una sociedad invisible dirigida por el Estado, único agente del único bien común. Así llegamos al totalitarismo que es el error que el personalismo trataba de evitar."
Joaquín Sáenz Arriaga, “Ha muerto el filósofo Jacques Maritain” en Trento, no. 12, 15 de mayo de 1973
miércoles, 18 de febrero de 2026
EL DESARROLLO DEL CONCILIO VATICANO II
1. Convocatoria y Expectativas
- Origen:
El Concilio fue convocado por el papa Juan XXIII con el objetivo de
realizar un aggiornamento (puesta al día) de la Iglesia para
acercarla al mundo moderno.
- Inauguración:
Inició el 11 de octubre de 1962 con un discurso donde el papa se distanció
de los "profetas de calamidades" que solo veían errores en la
modernidad.
- Participación:
Fue el primer concilio verdaderamente universal, con la asistencia de
obispos de todos los continentes y, por primera vez, observadores de otras
confesiones cristianas (protestantes y ortodoxos).
2. Dinámicas y Conflictos Internos
El documento destaca la existencia de dos grandes bloques o
tendencias que marcaron el desarrollo de las sesiones:
- Bloque
Progresista (Mayoría): Liderado por obispos y teólogos de Europa
central y del norte. Buscaban una reforma profunda en la liturgia, el
reconocimiento de la libertad religiosa y un diálogo abierto con otras
religiones y con el mundo secular.
- Bloque
Conservador (Minoría): Representado principalmente por la Curia Romana
y algunos obispos que temían que los cambios pusieran en riesgo el dogma y
la estructura monárquica del papado.
3. Fases y Continuidad
- Muerte
de Juan XXIII: Tras la primera sesión, el fallecimiento del papa en
1963 puso en duda la continuidad del Concilio.
- Liderazgo
de Pablo VI: Su sucesor, Pablo VI, decidió continuar con la asamblea y
presidió las tres sesiones restantes, buscando un equilibrio entre las
facciones enfrentadas.
4. Áreas de Transformación Clave
El texto menciona que el desarrollo del Concilio permitió
sentar las bases para cambios que los sectores integristas rechazarían
posteriormente:
- Reforma
Litúrgica: El paso del latín y el rito tridentino al uso de lenguas
vernáculas y la celebración de frente al pueblo.
- Ecumenismo
y Libertad Religiosa: El cambio de visión sobre otras religiones,
dejando de verlas como heréticas para entablar un diálogo fraterno.
- Relación
con la Política: La Iglesia comenzó a avalar sistemas democráticos y a
alejarse de posturas autoritarias o confesionales.
5. Conclusión del Concilio
El evento clausuró el 8 de diciembre de 1965. Aunque se
buscaba la unidad, el desarrollo del Concilio evidenció fracturas que darían
origen a los movimientos tradicionalistas e integristas (como el
sedevacantismo y el lefebvrismo) que consideraron estas reformas como una
"infiltración" de enemigos en la Iglesia.
viernes, 13 de febrero de 2026
Orígenes de las expresiones progresistas que prevalecieron en el Concilio Vaticano II
Tomado de la Tesis de Doctorado en Historia de Austreberto Martínez Villegas, descargable dando click aquí: https://mora.repositorioinstitucional.mx/jspui/handle/1018/158
El CVII, marcó el inicio de la hegemonía institucional de la concepción de una Iglesia Católica abierta al diálogo con el mundo moderno, cuya principal preocupación (al menos a nivel discursivo) fuera el hombre y su dignidad como persona, la cual fue capaz de acoger en su seno a una serie de planteamientos ajenos a los lineamientos fundamentados en la Filosofía Escolástica que habían sido los predominantes en el catolicismo desde la edad media y de manera más enfática a partir del Concilio de Trento del Siglo XVI. El aggiornamento proclamado por Juan XXIII pretendía actualizar las bases del mensaje que la Iglesia Católica Romana deseaba promover, no solo ante sus fieles, sino ante el mundo entero.
Sin embargo, estas corrientes de “modernización” del catolicismo romano, tienen una larga data pues desde el siglo XIX y durante buena parte del XX han sido numerosos los filósofos y teólogos que habían planteado una serie de propuestas que con el CVII fueron alcanzando posiciones de poder y prestigio, dentro de la misma Iglesia. Estas tendencias se habían enfrentado a la condena que papas como San Pio X o Pio XII, habían hecho a dichas posturas aperturistas.
Lo ideales decimonónicos de progreso, aunados a ciertos avances científicos y tecnológicos, representaron en Occidente, parte de la afirmación de la modernidad. Con ello y con la expansión global de las ideas liberales, diversos teólogos, filósofos, clérigos e intelectuales católicos se pusieron como objetivo el encontrar fórmulas para mejorar la relación del catolicismo con el proceso de modernidad, por lo que la búsqueda de un aggiornamento, era algo que se visualizaba desde mucho tiempo antes de la convocatoria a un Concilio hecha por Juan XXIII. Quizás el primer intelectual que planteó una armonía entre liberalismo y catolicismo fue el filósofo y sacerdote francés Felicité de Lammenais, cuyas ideas favorables a aspectos entonces condenados por la jerarquía eclesiástica como la libertad de prensa, la libertad de conciencia, algunas actitudes favorables a la separación Iglesia-Estado y la regeneración del catolicismo hacia un sentido más en tono con las nuevas ideas de igualdad, que habían sido publicadas en su periódico L’ Avenir, fueron condenadas por la encíclica Mirari Vos de Gregorio XVI en 1832, a pesar de lo cual el espíritu de su movimiento mantuvo una influencia entre varios católicos liberales, especialmente después de que el propio Lamennais abandonara el sacerdocio.
Ya entrado el siglo XX, Marc Sagnier, desde la primera década de la centuria, plantearía la validez de la colaboración entre las ideologías política republicana y demócrata con el catolicismo a través del movimiento de Le Sillon, así como un apego total a la democracia liberal y sus valores, por lo que sería condenado por San Pio X en su encíclica Notre Charge Apostolique.
En materia filosófica, Henri Bergson entre 1907 y 1932 aproximadamente, publicó varios textos en las que aun siendo no católico, sino judío, tomó algunas bases teológicas del misticismo católico y las trata de compaginar con el evolucionismo.243 Su principal argumento giró en torno a la idea de la “evolución creadora”, en la que la única verdad firme, era el cambio constante: “la realidad es fluida, una creación que continúa sin cesar, es movimiento.”244 Este tipo de ideas, fue la base para que muchos intelectuales católicos aceptaran en las décadas siguientes la posibilidad de un cambio en diversos aspectos del catolicismo, pues nada sería inmutable, siendo la inmutabilidad de las normas y directrices eclesiásticas una parte importante del respaldo doctrinal del catolicismo preconciliar.
Por otro lado, el filósofo Maurice Blondel a partir de 1893, trató de conciliar, con el fin de crear un nuevo método de hacer apologética católica, la filosofía de la inmanencia (según la cual nada puede entrar en el hombre que no salga de él, en este caso de su propio pensamiento) con los aspectos sobrenaturales del cristianismo. Sus planteamientos eran incompatibles con la apologética tradicional de corte tomista y por lo tanto fue ampliamente criticado en varios medios eclesiásticos.
El sacerdote Alfred Loisy, desde aproximadamente 1880, planteó la utilización del método histórico crítico para la interpretación de los Evangelios rechazando la idea de la Revelación divina, lo que lo llevó a la conclusión de que los Evangelios contenían varios elementos míticos, desarrollados en la etapa primitiva de la Iglesia, entre ellos la propia creencia en la Resurrección. Esto, aunado al planteamiento de la inevitabilidad de la evolución constante de la Iglesia y su adaptación al medio, lo que lo llevó a la condena por parte de San Pio X como se verá más adelante.
El jesuita inglés George Tyrrell, entre 1901 y 1909, planteó un restablecimiento de la fe cristiana sobre las bases de la experiencia intima, en base a la idea de evolución y vida de la Iglesia. Según sus ideas, el Dios histórico y externo debe desaparecer ante la creación de un Dios interior que cada quien se forma en sí mismo según su conciencia. Para Tyrrell la revelación es fruto de la propia conciencia colectiva de los creyentes, lo que lo llevó a plantear la inutilidad de la Iglesia y la posibilidad de una religión universal.
Las ideas de los autores mencionados (Bergson, Blondel, Loisy y Tyrrel) se designaron bajo el nombre de “modernismo” y fueron condenadas en bloque por el papa San Pío X en su encíclica Pascendi Dominici Gregis de 1907. Dicho papa condenó de esta forma las nuevas propuestas teológicas que partían de la base común de una necesaria evolución del dogma católico, cosa incompatible con la entonces visión dominante de la autoridad eclesiástica ya que se contradecía con los principios de Inmutabilidad e Infalibilidad de la Fe, proclamada por el catolicismo.
Aunque en las décadas inmediatas posteriores a esta encíclica, los vientos de renovación del catolicismo romano fueron acallados, poco a poco algunos filósofos y teólogos, especialmente a partir de los años treinta del siglo XX, introdujeron un lenguaje y unos planteamientos renovados que influirían de manera más profunda la doctrina católica a través de la teología expresada en el CVII.
Jacques Maritain y Emmanuel Mounier, sin caer en doctrinas totalmente heterodoxas, plantearon una nueva visión del mundo a través de las doctrinas personalistas, según las cuales la dignidad de la persona humana y aun la misma idea de “persona” pasarían a ser la preocupación principal de los cristianos, lo cual habría la posibilidad de colaborar en lo político y social con todos aquellos que aun no siendo católicos, compartieran la misma idea de aprecio por la persona humana. Esta fue una de las piedras angulares de la doctrina de la Democracia Cristiana y posteriormente de la Doctrina Social Católica posterior al CVII, ya que el personalismo planteaba la aceptación de la democracia como el sistema político relativamente más compatible con los valores cristianos.
En el plano de la teología una figura relevante de lo que podría llamarse el progresismo preconciliar, fue el jesuita, filósofo y paleontólogo Teilhard de Chardin, quien desarrolló toda una teoría que trató de hacer concordar las tesis evolucionistas con el catolicismo, planteando la idea del “Cristo cósmico” en la que, con ciertos matices panteístas, se maneja la idea de una materia que fue evolucionando hasta crear al hombre, cuyo pensamiento tendrá que ir evolucionando a su vez hacia una convergencia de todos los espíritus, que algún día llegará a unirse en una comunidad de amor en la que participe toda la humanidad (lo que Chardin denominaba “punto omega”), de esa forma los hombres engrandarán al “Cristo total.”
El sacerdote francés Henri De Lubac, con base en la crítica histórica y un interés profundo en las fuentes de los Padres de la Iglesia, pretendió una renovación de la teología al criticar la escolástica tomista. Planteó la idea de la “Tradición viva de la Iglesia”, pieza clave de la posterior legitimación del CVII, según la cual “si la verdad es la vida, y si la Tradición debe transmitir la verdad, entonces la Tradición debe ser algo vivo o no debe ser nada. En otras palabras, el pasado, por el sólo hecho de haber pasado, no es verdadero porque no vive el instante presente.” De esta manera, se sientan las bases para la gradual aceptación de que la idea de la Tradición de la Iglesia sería algo mudable y dinámico que va transformándose conforme corren los tiempos.
El teólogo alemán Karl Rahner, por su parte, incorporó a su pensamiento algunos aspectos del existencialismo de Heidegger y de la dialéctica de Hegel, para estructurar sus propuestas que entre otras cosas planteaban la gracia santificante y la salvación eterna como inherentes a todo ser humano aun sin ser católico, según el teólogo alemán, todo hombre con el simple hecho de aceptar la grandeza de Dios, aun sin aceptar ser parte de la Iglesia y sin conocer el Evangelio, puede salvarse pues se convierte en un “cristiano anónimo,” lo cual alentaría indirectamente el ecumenismo y el diálogo interreligioso,. Asimismo Rahner estructuró una teología antropocéntrica, según la cual “la humanidad es Dios desarrollado en la plenitud de su potencial, y Dios se hace uno con el mundo,” es decir la propia conciencia humana es capaz de manifestar a Dios por sí misma, sin necesidad de una revelación externa como lo maneja la teología tradicional.
Otro personaje relevante fue Jean Danielou, discípulo y colaborador de Henri de Lubac, quien realizó diversas investigaciones relacionadas con las fuentes de la historia cristianas y contribuyó al desarrollo de los estudios bíblicos y patrísticos. Asimismo propuso diversas interpretaciones innovadoras de la llamada “historia de la salvación,” contribuyó al desarrollo de algunos aspectos del ecumenismo y profundizó en la investigación sobre el desarrollo del pensamiento católico.
Todos estos pensadores y algunos de sus postulados tuvieron influencia notable en el CVII, algunos como Henri De Lubac y Karl Rahner participaron como peritos conciliares, es decir como asesores que trabajaron directamente con el núcleo de obispos progresistas para impulsar una serie de planteamientos innovadores que se manifestaron en el Concilio. Se dice incluso que la influencia de Karl Rahner, fue decisiva entre los obispos de habla alemana y en general entre aquellos pertenecientes a las naciones de la cuenca del Río Rin (Francia, Bélgica, Holanda, Alemania).
jueves, 5 de febrero de 2026
Aciertos y méritos de las obras del Pbro. y Dr. Joaquín Sáenz Arriaga
Hoy en día, cuando los diversos grupos que integran el Movimiento Tradicionalista desconocen, ignoran y peor aún, olvidan y silencian la monumental obra del Padre Joaquín Sáenz Arriaga, primer sacerdote sedevacantista mexicano, es importante recordar cuáles fueron sus principales aciertos:
1. Dominio de la teología escolástica clásica
Una de las mayores virtudes de sus libros es su sólida formación tomista y tradicional. El P. Sáenz Arriaga maneja con precisión a Santo Tomás de Aquino, cita correctamente a San Roberto Belarmino, Cayetano, Suárez, conoce la eclesiología preconciliar y la tradición jurídica de la Iglesia.
2. Identificación de tensiones doctrinales reales del Vaticano II
El Padre Sáenz Arriaga acierta al señalar, mucho antes que Monseñor Lefebvre y Monseñor Castro-Mayer, que existen textos del Concilio Vaticano II objetivamente problemáticos, especialmente en: Dignitatis humanae (libertad religiosa), Unitatis redintegratio (ecumenismo), Lumen gentium (colegialidad).
El Padre Sáenz Arriaga no inventó el problema; lo formula con crudeza.
3. Coherencia lógica interna
Dada su premisa inicial (que el Vaticano II contiene herejías formales), su razonamiento es lógico, consistente, y sin contradicciones internas graves.
Desde su marco conceptual, la conclusión de la sede vacante no es arbitraria, sino una consecuencia lógica.
4. Defensa fuerte del principio de indefectibilidad
Como sacerdote bien formado y buen hijo de la Iglesia, sus libros buscan salvar la indefectibilidad de la Iglesia, no destruirla, ya que la Iglesia no puede enseñar error, y si el error se impone oficialmente, entonces no puede provenir de la Iglesia verdadera.
Esta intención teológica es seria y profundamente tradicional.
Por todo lo anterior, exhortamos, o mejor dicho, ¡exigimos! que todo aquél que se llame "tradicionalista", lea, estudie y repase en primerísimo lugar la formidable obra de este santo sacerdote.
miércoles, 4 de febrero de 2026
La verdadera oposición
Artículo publicado en el Blog del Monasterio de la Santa Cruz de Nova Fribugo: https://en.mosteirodasantacruz.org/post/the-true-opposition
La verdadera oposición
Por Su Excelencia el Obispo Tomás
de Aquino OSB
La verdadera oposición no es entre la derecha y la izquierda, ni entre Occidente y Oriente, ni entre China y Estados Unidos. La verdadera oposición es entre el catolicismo y sus enemigos; entre la Iglesia católica y sus enemigos, sean quienes sean.
Todas las demás oposiciones, frente a esta verdadera oposición, son
superficiales. La masonería tiene miembros tanto de izquierda como de derecha.
En Estados Unidos, la masonería está bien representada tanto entre republicanos
como demócratas.
La verdadera oposición no está ahí. La verdadera oposición es entre quienes
están en contra de Cristo y quienes están a favor de Cristo.
Por ejemplo, la Revolución Francesa fue contra Cristo. Hoy, sin embargo, la
derecha y la izquierda se refieren a los mismos principios de la Revolución
Francesa. ¿Es posible oponerse a ellos? Pilato y Herodes eran enemigos, pero se
hicieron amigos al oponerse a Nuestro Señor.
Es cierto que la derecha está más cerca de la ley natural que la izquierda, y
eso es bueno; desde este punto de vista, la derecha es mucho mejor que la
izquierda.
Pero si la derecha niega a Nuestro Señor lo que Le es debido, acabará por
engrosar las filas del Anticristo.
Lo mismo ocurrió en el Concilio y en el período posconciliar. Los conservadores
eran y son mejores que los ultramodernistas. Pero si los conservadores rechazan
la realeza de Nuestro Señor, terminan aceptando los mismos principios que los
modernistas. Su oposición no es la verdadera.
La verdadera oposición es la que opone la Revolución a la Contrarrevolución, a
Cristo contra el Anticristo. Esto es lo que hicieron Monseñor Lefebvre y
Monseñor Antonio de Castro Mayer. Si la Revolución es un bloque, la Iglesia lo
es mucho más. Es este bloque el que debe ser defendido.
El padre Emmanuel solía decir que, al final, ya no habría política propiamente
dicha. Solo habría un drama religioso: el drama de la verdadera oposición entre
los que pertenecen a Cristo y los que pertenecen al Anticristo.
Que Nuestra Señora, a quien fue dada la misión de aplastar la cabeza de la
serpiente, nos haga colocarnos resueltamente y totalmente en los ejércitos de
Cristo Rey, y oponernos con la misma energía a los precursores del Anticristo.
martes, 3 de febrero de 2026
La Fraternidad Sacerdotal de San Pío X anuncia nuevas consagraciones episcopales
"Nos adherimos de
todo corazón y con toda nuestra alma a la Roma católica, guardiana de la fe
católica y de las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esa fe; a la
Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad.
Por el contrario,
nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir a la Roma de tendencia
neomodernista y neoprotestante, que se manifestó claramente en el Concilio
Vaticano II y, después del Concilio, en todas las reformas que de él surgieron."
Es decir, dicho de otra forma, el origen del error lefebvrista es creer que en la Entidad Vaticana viven y coexisten al mismo tiempo la "Roma católica... la Roma eterna" junto con la "Roma neomodernista y neoprotestante".
Parece una distinción tenue, pero no lo es así. Así como donde existe la luz no puede haber oscuridad, y donde está la verdad no puede habitar el error, la "Roma eterna" no puede cohabitar al mismo tiempo y en el mismo lugar que la "Roma neomodernista y neoprotestante".
Si se analiza bien, es una tesis muy parecida a la rabínica y talmúdica de Cassaciacum, del "Papa Materialiter".
En el fondo, es revolver las cosas para confundir a la gente. No negamos que la FSSPX tenga apariencia tradicional, y orden y crecimiento. Pero al fin y al cabo, creen, viven y predican una herejía.
(“Sin la Fe es imposible agradar a Dios” – Heb.XI,6)



