Al morir Jacques Maritain en 1973, apareció un artículo en Trento en el que Sáenz Arriaga hace un análisis general de la obra del filósofo personalista francés:
"Sus tesis (…) han llevado al nefasto colaboracionismo el cristianismo y el marxismo; que es el progresismo religioso (…) Para Maritain Dios y el hombre son entidades separadas, casi diríamos independientes. Al analizar los fines y las relaciones del hombre, como individuo, como persona, en su desenvolvimiento terrenal, Maritain erró, y erró gravemente y arrastró consigo a sus incondicionales admiradores, al establecer un mundo civil independiente, una humanidad autónoma. (…) para Maritain el bien común es sólo temporal y político, y no espiritual y religioso, ya que el filósofo francés había circunscrito el bienestar humano al bienestar temporal y político, a los bienes de este mundo, sin tener para nada en cuenta la eternidad. En realidad no hay bien verdadero, ni individual, ni colectivo, en este mundo que no tenga una relación trascendente a la vida de ultratumba.
Maritain no acepta de ningún modo que Dios sea el bien común. por lo menos en esta vida, para el hombre. El bien común es sólo temporal y político y no espiritual y religioso. Por lo tanto la Iglesia visible y el poder eclesiástico están supeditados a un poder público para llevarnos a un bien religioso exclusivamente personal. Dios no es el bien común, en este mundo para la humanidad.
Las consecuencias lógicas de estos fundamentales errores maritaineanos son bien claras: primera, la religión viene a convertirse en un asunto exclusivamente personal y privado. Segunda, el Estado es del todo independiente de la Iglesia, pero no la Iglesia respecto del Estado. Tercera, si Dios no es bien común espiritual, lógicamente se sigue que no hay bien común espiritual para el hombre ni en este mundo, ni en la eternidad. Cuarta, la Iglesia pierde su fe monolítica, sujeta a las vicisitudes y contingencias de la vida terrena. Aquí está la base y la raíz del “aggiornamento” y del “ecumenismo” y de todos los errores progresistas. Quinta, la Iglesia pierde sus derechos de sociedad perfecta, para ser reducida a una sociedad invisible dirigida por el Estado, único agente del único bien común. Así llegamos al totalitarismo que es el error que el personalismo trataba de evitar."
Joaquín Sáenz Arriaga, “Ha muerto el filósofo Jacques Maritain” en Trento, no. 12, 15 de mayo de 1973

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